Vamos creciendo y se agrandan las heridas,
persigues algo que no puedes alcanzar,
llegan postales de tus vidas no vividas
siempre se añora lo que no tuvo lugar.

Marwan.

Lo peor que puede pasar…

Lo peor es cuando me abandono, ya sabes, me distraigo de lo que realmente importa o sea YO, me desconecto y me dejo en medio del camino, después de andar y correr y correr empiezo a notar una ausencia que pesa, de esas que se te encajan hasta las huesos, busco por fuera, siempre busco por fuera porque tontamente pienso que lo que me hace falta esta en brazos ajenos o en tazas de café, pero es mentira, me hago falta YO.
Así que regreso, vuelvo al camino donde me quedé o mejor dicho donde me dejé. Me encuentro en ruinas, llena de hierba silvestre. Me da mucha tristeza, siento rabia, no debería hacerme eso, no lo merezco, así que desempolvo la nariz, acaricio los ojos, me beso las mejillas. Las manos ásperas, el corazón a medio latir. Me abrazo tan fuerte, y repito una y otra vez “estoy contigo, estoy contigo”.
Cuando todo se evapora, cuando el caos me invade, cuando pierdo el equilibrio, cuando no dejo ir lo que me pesa, cuando me ato a emociones que me hacen sentir mal, debo recordar que me tengo, que no me puedo ir de mí, que no puedo abandonarme, que estas tormentas, que estos temblores son parte de mi aprendizaje, que el llanto me cura, que el silencio me sana. Entonces el mejor momento es cuando vuelvo, cuando regreso a mí y vuelvo a ser mía, yo la responsable de reír, yo la responsable de llorar, yo la responsable de ser feliz. Y las ruinas son bellas y mis escombros son hermosos porque me doy la oportunidad de re-armarme desde los cimientos y hacerme más grande, más guapa y menos miedosa.
Lo mejor viene cuando vuelvo, cuando estoy para mí, cuando soy mía.

Escrito por: Itzel Cabrera

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